¿Es la Construcción el Sector Más Peligroso de España?

¿Es la Construcción el Sector Más Peligroso de España?

Los datos más recientes sobre siniestralidad laboral en España dibujan un escenario complejo y lleno de contrastes, donde una tendencia general a la baja en los accidentes mortales se ve ensombrecida por la alarmante situación de un sector en particular. Mientras que las cifras globales invitan a un cauto optimismo, un análisis más profundo revela que no todos los ámbitos productivos avanzan al mismo ritmo en la protección de sus trabajadores. Los datos provisionales correspondientes a los primeros once meses de 2025, publicados por el Ministerio de Trabajo, muestran una notable reducción del 7,4% en el número de personas que perdieron la vida en el entorno laboral en comparación con el mismo periodo de 2024. Sin embargo, detrás de este agregado nacional se esconde una divergencia crítica que obliga a preguntarse si las estrategias de prevención de riesgos están siendo efectivas de manera homogénea en toda la economía española o si, por el contrario, existen áreas que requieren una intervención urgente y específica.

Un Panorama de Contrastes en la Siniestralidad Laboral

La Tendencia General Hacia una Mayor Seguridad

A nivel nacional, las estadísticas de siniestralidad laboral para 2025 presentaron una mejora significativa, consolidando un avance en la cultura de la prevención. Durante los primeros once meses del año, un total de 686 trabajadores perdieron la vida, lo que representa 55 fallecimientos menos que en el ejercicio anterior. La mayor parte de estos sucesos, concretamente 550, ocurrieron durante la jornada laboral, cifra que experimentó una considerable disminución del 8,2%. Paralelamente, los accidentes mortales ocurridos durante el trayecto hacia o desde el lugar de trabajo, conocidos como accidentes ‘in itínere’, también se redujeron en un 4,2%, sumando 136 víctimas. Este descenso se observó tanto en el colectivo de trabajadores por cuenta ajena, que registró 631 fallecidos (un 7,1% menos), como en el de autónomos, donde la cifra bajó a 55 decesos, lo que supuso una caída del 11,3%. Estos datos agregados sugieren que las políticas y medidas de seguridad implementadas en los últimos años han comenzado a dar sus frutos, creando entornos de trabajo más seguros en la mayoría de los sectores productivos.

Las Causas Detrás de la Mortalidad en el Trabajo

El análisis detallado de las causas de los fallecimientos laborales ofrece una visión más clara de los riesgos a los que se enfrentan los trabajadores. Sorprendentemente, la principal causa de muerte no estuvo directamente ligada a accidentes traumáticos, sino a patologías de origen no traumático, como infartos y derrames cerebrales, que se cobraron la vida de 233 personas. Este dato pone de manifiesto la importancia de factores como el estrés, las largas jornadas y las condiciones psicosociales en el entorno laboral. A continuación, se sitúan las causas más tradicionalmente asociadas a los accidentes de trabajo: las caídas desde altura, que provocaron 92 muertes, seguidas de los aplastamientos o amputaciones por maquinaria o cargas pesadas, con 81 fallecidos. Los accidentes de tráfico durante la jornada laboral también constituyeron una causa relevante, con 65 víctimas mortales. Esta distribución de las causas subraya la necesidad de un enfoque integral en la prevención de riesgos, que no solo aborde los peligros físicos evidentes, sino que también ponga el foco en la salud cardiovascular y el bienestar mental de los empleados.

El Sector de la Construcción a Contracorriente

Un Alarmante Repunte en la Edificación

Mientras la mayoría de los sectores económicos celebraban una mejora tangible en la seguridad de sus trabajadores, el sector de la construcción se movía en la dirección opuesta, generando una profunda preocupación entre expertos y autoridades. Los datos provisionales de 2025 revelaron una realidad ineludible: los accidentes mortales durante la jornada laboral no solo no disminuyeron, sino que se dispararon un alarmante 21,9%, elevando la cifra de fallecidos a 156. Este incremento no fue un dato aislado, sino que se vio respaldado por el crecimiento del 18,2% en el índice de incidencia mortal, un indicador clave que mide la proporción de fallecimientos en relación con el total de trabajadores expuestos. Esta divergencia fue aún más notoria al compararla con otros grandes sectores: los servicios, a pesar de seguir siendo el sector con más fallecidos en términos absolutos (242), lograron una impresionante reducción del 19,1%. La industria y la agricultura también mostraron mejoras, lo que aisló a la construcción como el único gran sector con una evolución drásticamente negativa y lo situó en el epicentro del debate sobre la seguridad laboral.

Análisis de los Accidentes No Mortales

El panorama de los accidentes con baja laboral, aunque menos trágico, también mostró dinámicas complejas que merecen atención. En su conjunto, el número de siniestros que requirieron una baja laboral descendió ligeramente un 1,5%. Sin embargo, al desglosar esta cifra, se observa una tendencia divergente y significativa. Por un lado, los accidentes ocurridos en el propio centro de trabajo bajaron un 2,1%, lo que indica una posible mejora en las condiciones de seguridad dentro de las instalaciones empresariales. Por otro lado, y en sentido contrario, los accidentes ‘in itínere’ experimentaron un aumento del 2,5%. Este incremento fue impulsado principalmente por los siniestros de carácter leve, lo que podría estar relacionado con factores como una mayor densidad de tráfico en los desplazamientos o una menor atención a la seguridad vial en trayectos cortos. Esta dualidad sugiere que, si bien las empresas podrían estar reforzando las medidas de prevención internas, los riesgos asociados al desplazamiento de los trabajadores se han convertido en un nuevo foco de vulnerabilidad que requiere estrategias específicas y una mayor concienciación.

Retos y Perspectivas Futuras para la Prevención

El análisis de la siniestralidad laboral de 2025 dejó un balance agridulce. La tendencia nacional a la baja en los accidentes mortales constituyó un logro innegable, fruto del esfuerzo conjunto de administraciones, empresas y trabajadores. Sin embargo, el drástico empeoramiento de los indicadores en el sector de la construcción actuó como una severa llamada de atención, demostrando que la seguridad laboral es un objetivo que nunca se alcanza de forma definitiva y que requiere una vigilancia constante y adaptada a cada realidad productiva. La divergencia entre la mejora general y el retroceso específico de un sector clave evidenció la necesidad de abandonar las soluciones genéricas y apostar por auditorías de riesgo más exhaustivas, una formación más especializada y la implementación de tecnologías que mitigaran los peligros inherentes a la edificación. Aquel año se entendió que el verdadero desafío no solo consistía en reducir las cifras globales, sino en identificar y actuar con contundencia sobre los focos de riesgo más persistentes para que ningún trabajador tuviera que poner en peligro su vida para ganársela.

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