Aprueban la Nueva Política Cultural de Ibagué

Aprueban la Nueva Política Cultural de Ibagué

Tras un riguroso y extenso proceso de deliberación, el Concejo Municipal de Ibagué ha dado un paso decisivo para el futuro de su identidad artística al aprobar la nueva Política Pública de Cultura, un instrumento normativo que orientará el rumbo del sector hasta el año 2035. Este documento estratégico no solo representa una hoja de ruta para la inversión y el fomento de las artes, sino que se erige como el marco jurídico y técnico que articulará todos los programas, proyectos y acciones destinados a la salvaguardia del patrimonio y al impulso de la creación en cada rincón del municipio. La iniciativa, impulsada por la Secretaría de Cultura, busca consolidar una visión a largo plazo que trascienda las administraciones y ofrezca estabilidad y coherencia a un sector vital para el desarrollo social y económico de la capital tolimense. De esta manera, se pretende garantizar que tanto las expresiones culturales consolidadas como las emergentes, en zonas urbanas y rurales, cuenten con un respaldo institucional sólido y sostenible para su crecimiento y proyección.

Un Proceso de Construcción Colectiva

La legitimidad de esta nueva política se fundamenta en un modelo de construcción participativa sin precedentes en la ciudad, desarrollado a lo largo de un intenso periodo entre 2022 y 2024. Este esfuerzo congregó a más de 4.200 voces provenientes de todos los ámbitos del ecosistema cultural, incluyendo artistas, gestores, cultores, académicos y ciudadanos interesados, quienes aportaron sus perspectivas y necesidades a través de 29 mesas de trabajo territoriales y siete mesas de diálogo académico especializado. Este enfoque metodológico permitió descentralizar el debate y asegurar que las particularidades de cada comunidad fueran tenidas en cuenta en la redacción del documento final. La robustez técnica de la política se vio reforzada por el análisis de datos concretos, como los resultados del censo cultural realizado en 2020 y los hallazgos de la encuesta “Soy Cultura”, insumos que permitieron realizar un diagnóstico preciso de las fortalezas, debilidades y oportunidades del sector, garantizando que el texto respondiera a la realidad y no a suposiciones teóricas.

El proceso no se limitó a una simple recolección de opiniones, sino que se estructuró como un diálogo profundo y sostenido para tejer una visión compartida del futuro cultural de Ibagué. La combinación de mesas territoriales con encuentros académicos permitió crear un puente entre el saber popular y el conocimiento experto, enriqueciendo el contenido de la política con una perspectiva integral. Mientras los artistas y gestores de base aportaban su experiencia directa sobre las barreras de acceso, las necesidades de formación y las dinámicas de circulación de sus obras, los académicos contribuían con análisis comparados, marcos conceptuales y estrategias de gestión innovadoras. Esta sinergia fue clave para diseñar líneas de acción que no solo abordan los problemas más urgentes, sino que también proyectan a Ibagué como un polo de desarrollo cultural competitivo a nivel regional y nacional, sentando las bases para la profesionalización del sector y la protección efectiva de su invaluable patrimonio material e inmaterial.

Disensos y la Promesa de un Diálogo Continuo

A pesar del amplio consenso generado durante su fase de construcción, la aprobación de la política en el cabildo municipal no estuvo exenta de debate, lo que refleja la complejidad y diversidad de intereses dentro del propio sector cultural. La decisión final registró cinco votos en contra, una clara señal de que persisten posturas divididas sobre ciertos aspectos del alcance, la financiación o los mecanismos de implementación del documento. Estas diferencias, sumadas a la inconformidad expresada por algunos colectivos artísticos que consideran que sus propuestas no fueron plenamente integradas, plantean un desafío significativo para la siguiente etapla puesta en marcha. La existencia de disenso subraya la importancia de mantener canales de comunicación abiertos y transparentes para evitar que la política se convierta en una herramienta impuesta, en lugar de un pacto social refrendado por la mayoría de los actores involucrados en su ejecución y seguimiento.

Ante este escenario de opiniones encontradas, la administración municipal ha adoptado una postura proactiva y conciliadora, buscando tender puentes con los sectores que manifestaron su desacuerdo. En declaraciones del secretario de Cultura, Mauricio Hernández Cala, se ha definido la política como un «organismo vivo», una metáfora que subraya su carácter dinámico y su capacidad de adaptación a las nuevas realidades y necesidades que puedan surgir. Esta concepción implica un compromiso explícito de que el proceso participativo no culminó con la aprobación del documento, sino que continuará de manera permanente durante las fases de implementación, seguimiento y evaluación. La administración ha reiterado su disposición al diálogo constante como pilar fundamental para ajustar la herramienta, resolver controversias y, sobre todo, fortalecer la confianza institucional. Este enfoque sugiere que la política no es un texto inmutable, sino un marco flexible diseñado para evolucionar junto con el vibrante y cambiante ecosistema cultural de la ciudad.

Una Visión a Futuro Para la Identidad Cultural

La ratificación de este marco normativo marcó un hito fundamental que sentó las bases para la transformación estructural del sector cultural en Ibagué. Con su aprobación, se dejó atrás un enfoque de acciones coyunturales para dar paso a una planificación estratégica de largo aliento, cuyo objetivo fue consolidar a la ciudad como un referente de creatividad y gestión patrimonial. La política pública se convirtió en la principal herramienta para proteger la herencia cultural, fomentar la innovación artística y, de manera crucial, descentralizar la oferta y el acceso a los bienes y servicios culturales, asegurando que sus beneficios llegaran a todas las comunidades del municipio durante la próxima década. Este paso representó el inicio de una nueva era en la que la cultura fue reconocida no solo como un pilar de la identidad local, sino como un motor indispensable para el desarrollo social y la cohesión territorial.

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