¿Cómo Puede la Industria Automotriz Revertir su Déficit?

¿Cómo Puede la Industria Automotriz Revertir su Déficit?

La industria automotriz argentina se encuentra en una encrucijada crítica y enfrenta el desafío de revertir un creciente desequilibrio en su balanza comercial que amenaza con comprometer su sostenibilidad a largo plazo. El año 2025 se caracterizó por una paradoja notable: mientras el mercado general de vehículos experimentaba un crecimiento explosivo, la producción nacional y, sobre todo, las exportaciones no lograron seguir el mismo ritmo, lo que generó una asimetría que ha encendido las alarmas en uno de los sectores más vitales para la economía del país. Este escenario ha creado una brecha significativa, en la que el aumento masivo de las importaciones ha superado con creces la capacidad del sector para generar divisas a través de las ventas al exterior, lo que pone en jaque el modelo productivo actual y obliga a una reevaluación profunda de las estrategias de competitividad. La necesidad de corregir este rumbo es imperativa para que el sector no solo sobreviva, sino que recupere su papel como pilar del desarrollo económico y tecnológico nacional.

Un crecimiento desigual que expone vulnerabilidades

El panorama del mercado automotor argentino durante 2025 reflejó un crecimiento general del 47,8 %, una cifra que, a primera vista, parece sumamente positiva. Sin embargo, un análisis más profundo revela una marcada desigualdad en su composición. De los más de seiscientos mil vehículos patentados, solo el 40 % correspondió a unidades de fabricación nacional, lo que se traduce en un modesto incremento del 7,5 % en las ventas de autos producidos localmente. Este avance resulta insignificante al contrastarlo con el comportamiento de las importaciones, las cuales se dispararon en un asombroso 97,1 %, pasando de poco más de ciento ochenta y seis mil unidades en 2024 a casi trescientas setenta mil en 2025. Este fenómeno ha inundado el mercado con vehículos extranjeros y evidencia una brecha de competitividad que se amplía y deja a la producción local en una posición de clara desventaja. Esta dinámica no solo afecta la cuota de mercado, sino que también tiene implicaciones directas en la balanza de pagos del país.

La situación se torna aún más preocupante al examinar el desempeño del sector en los mercados internacionales. Mientras las importaciones crecían de manera exponencial, las exportaciones de vehículos fabricados en Argentina siguieron la tendencia opuesta y experimentaron una contracción cercana al 10 % en comparación con el año anterior. Se estima que las colocaciones en el exterior rondaron las doscientas ochenta y cinco mil unidades, una cifra considerablemente inferior a las más de trescientas catorce mil exportadas en 2024. Esta combinación de un aumento masivo de las compras al exterior y una caída significativa de las ventas internacionales ha consolidado una balanza comercial negativa calificada de alarmante. Este desequilibrio pone en riesgo la capacidad del sector para continuar siendo uno de los principales generadores de divisas para la economía argentina, un papel que ha desempeñado históricamente y que es fundamental para la estabilidad macroeconómica del país.

La competitividad y el peso de la carga fiscal

La raíz del problema reside en la pérdida de competitividad de los productos argentinos, un desafío complejo que requiere un esfuerzo coordinado tanto del sector privado como del público. Por un lado, las empresas automotrices tienen la responsabilidad de optimizar sus costos productivos y mejorar la eficiencia de sus operaciones. Por otro lado, y de manera crucial, el Estado debe abordar la elevada carga fiscal que actúa como un lastre para la industria. La presión impositiva se ha identificado como uno de los obstáculos más significativos para competir en igualdad de condiciones en los mercados regionales e internacionales. A pesar de que los aranceles a la exportación, conocidos como retenciones, han sido un reclamo histórico del sector, su impacto actual es más matizado de lo que se percibe. La no renovación en 2025 de la exención a las «exportaciones incrementales» generó preocupación, pero la verdadera carga no reside exclusivamente en este tributo.

En realidad, los directivos del sector coinciden en que la verdadera «mochila fiscal» que resta competitividad no proviene tanto de las retenciones, sino de un entramado de impuestos que gravan toda la cadena de valor. Impuestos como ingresos brutos —un tributo provincial que se aplica en cascada—, el impuesto a los débitos y créditos bancarios y una diversidad de tasas municipales representan aproximadamente el 75 % de la carga impositiva total que afecta al precio final de un vehículo argentino en el exterior. Estos gravámenes distorsivos encarecen la producción de manera significativa, lo que erosiona los márgenes de ganancia y dificulta la competencia con vehículos fabricados en otros países con regímenes fiscales más favorables. Los industriales consideran que la eliminación o reducción de estos impuestos es la medida con mayor potencial para generar un impacto positivo y rápido en la competitividad del sector.

La transformación estratégica como respuesta al desafío

Frente a este escenario adverso, la industria automotriz ha comenzado a ejecutar una profunda transformación estratégica interna, al reorientar su producción hacia segmentos de vehículos con mayor potencial de exportación y menor competencia asiática en los mercados regionales. La tendencia es inequívocuna transición desde la fabricación de automóviles de pasajeros y SUV hacia la producción de vehículos utilitarios y comerciales livianos, con un foco especial en las pick-ups. Este cambio no es casual, sino una respuesta calculada a la creciente demanda de este tipo de vehículos en América Latina. Empresas como Renault y Volkswagen ya han anunciado planes para discontinuar la producción de autos y SUV para dar paso, entre 2026 y 2027, a la fabricación de nuevas camionetas diseñadas específicamente para la exportación. Esta mutación estratégica busca capitalizar una ventaja comparativa regional y asegurar un flujo de exportaciones más estable y rentable a mediano plazo.

El caso de Stellantis, que en su planta de Córdoba ha comenzado a producir las pick-ups Fiat Titano y RAM Dakota junto al tradicional Fiat Cronos, es otro claro ejemplo de esta reconversión productiva. Sin embargo, el modelo de referencia es Ford, que, tras iniciar la producción de la nueva Ford Ranger en 2023, ha demostrado que la consolidación en mercados clave como el brasileño requiere tiempo y perseverancia, y ha logrado un crecimiento significativo solo después de un arduo trabajo de posicionamiento. Este ejemplo subraya que, si bien la transformación es la estrategia correcta, sus resultados no son inmediatos y exigen una visión a largo plazo. En este contexto, el mercado brasileño juega un papel fundamental. Históricamente, Brasil ha sido el principal socio comercial, pero en 2025 su participación en las exportaciones argentinas disminuyó al 67,3 %, con una caída del 14 % en el volumen de unidades enviadas. Recuperar y expandir la presencia en este mercado vecino es una condición indispensable para el éxito de la nueva estrategia sectorial.

Un rumbo definido por la acción conjunta

La industria automotriz argentina enfrentó un desafío crucial que exigía una acción coordinada y decidida para revertir la tendencia negativa de su balanza comercial. La solución no provino de una única medida, sino de la implementación de un esfuerzo conjunto en dos frentes paralelos. Por un lado, las empresas automotrices continuaron con la reconversión de sus plantas productivas y consolidaron su apuesta por vehículos de mayor demanda regional como las pick-ups, una estrategia que demostró ser acertada a mediano plazo. Por otro lado, y con un impacto más inmediato, los Gobiernos nacional, provinciales y municipales asumieron la responsabilidad de actuar para aliviar la asfixiante «mochila fiscal». La eliminación de impuestos distorsivos, como ingresos brutos y diversas tasas que encarecían la producción, fue un paso fundamental para devolver la competitividad a los productos argentinos en el exterior. Este enfoque dual permitió sentar las bases para llegar a 2027 con una industria saneada, robusta y capaz de competir eficazmente en los mercados internacionales, consolidándose nuevamente como un pilar fundamental de la economía nacional.

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