Cuba Impulsa sus Energías Propias Ante el Bloqueo de EEUU

Cuba Impulsa sus Energías Propias Ante el Bloqueo de EEUU

Ante una severa crisis energética que amenaza con paralizar sectores vitales, la isla caribeña ha respondido con una estrategia multifacética que va más allá de la simple contingencia, apuntando a una transformación estructural de su matriz energética para garantizar la soberanía nacional. El gobierno cubano atribuye la situación actual a una intensificación deliberada del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, una política que ha sido calificada como una «asfixia económica» diseñada para estrangular al país. En este complejo escenario, la apuesta por el desarrollo de recursos propios, especialmente las fuentes renovables de energía, no solo se presenta como una medida defensiva, sino como un pilar fundamental para el futuro desarrollo y la resiliencia del país. La interrupción del suministro de combustible ha obligado a las autoridades a acelerar planes que buscan disminuir la dependencia de las importaciones y fortalecer la autonomía en un sector tan estratégico como el energético, demostrando una voluntad de resistir y crear soluciones duraderas frente a las presiones externas.

La Raíz del Déficit Energético el Bloqueo Estadounidense

El punto de partida de la crisis actual, según ha expuesto el presidente Miguel Díaz-Canel, es la interrupción total del suministro de combustible, una situación que se vincula explícitamente a un «bloqueo naval» de Estados Unidos contra Venezuela. El gobierno cubano sostiene que Washington ha intensificado sus presiones para generar un impacto psicológico deliberado, con el objetivo de infundir temor entre armadores, navieras y proveedores internacionales, disuadiéndolos de comerciar con Cuba. Esta política es descrita como una «guerra económica» que busca estrangular al país, afectando de manera transversal todos los sectores vitales: la salud pública, la economía, el transporte, la generación eléctrica y la subsistencia cotidiana de la población. La narrativa oficial denuncia que estas acciones violan el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, y señala la existencia de presiones y amenazas a terceros Estados para erosionar el consenso internacional que condena el embargo, subrayando el profundo impacto humano de estas medidas coercitivas.

Para cuantificar el alcance de esta política, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla informó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que los daños provocados por el bloqueo entre marzo de 2024 y febrero de 2025 ascendieron a 7,556 millones de dólares. Esta cifra representa un alarmante incremento del 49 % en comparación con el período anterior, elevando las pérdidas acumuladas a lo largo de décadas a más de 170,677 millones de dólares, según cifras oficiales. A pesar de la gravedad de la situación y del impacto directo en la vida de millones de personas, la postura del gobierno ha sido de firmeza y resistencia. El presidente ha dejado claro que «la opción de la rendición no existe» y que Cuba no renunciará a su derecho soberano a recibir combustible y otros recursos esenciales para su funcionamiento. Esta declaración reafirma la determinación de la nación de buscar alternativas y soluciones propias para superar los obstáculos impuestos desde el exterior, manteniendo su independencia y su modelo de desarrollo.

Una Estrategia Nacional para la Soberanía Energética

Frente a este complejo escenario, la respuesta del Estado cubano se ha articulado en dos ejes principales: medidas de contingencia a corto plazo y una estrategia integral a largo plazo para transformar la matriz energética del país. En lo inmediato, el Consejo de Ministros aprobó un plan de contingencia diseñado para minimizar los efectos de la agresión económica. Este plan contempla la aplicación de restricciones temporales en el consumo y el fomento de un mayor ahorro energético, subrayando que no son medidas permanentes, sino ajustes coyunturales a las condiciones reales. Paralelamente, la estrategia a largo plazo es mucho más ambiciosa, enfocándose en reducir la dependencia de las importaciones. Esto incluye la recuperación de más de 900 megavatios (MW) de capacidad en el sistema eléctrico nacional, el impulso a la producción de crudo nacional con pruebas exitosas para su refinación, y la adquisición de motores capaces de operar con este tipo de combustible.

El pilar fundamental de la estrategia cubana es el desarrollo de recursos propios para garantizar la soberanía. Se ha incrementado el aprovechamiento del gas acompañante asociado a la extracción de petróleo para la generación eléctrica, a través de empresas como Energas, y se planea suministrar gas manufacturado a 20,000 nuevos clientes en La Habana. Además, se trabaja en la reconstrucción de las capacidades de almacenamiento de combustible, gravemente afectadas tras el accidente en la base de supertanqueros de Matanzas, y se impulsa la creación de una flota de buques propia para fortalecer la autonomía en el transporte de recursos energéticos. Sin embargo, el componente más destacado es la expansión de las energías renovables. Se inició la construcción de parques fotovoltaicos a gran escala, habiéndose terminado 49 durante 2025, que aportan alrededor de 1,000 MW al sistema. Esta nueva capacidad ha sido crucial para reducir el déficit eléctrico durante el día, llegando a generar el 38 % de la energía que el país produce en ese horario.

Un Camino Hacia la Resiliencia Energética

La implementación de estas medidas representó un punto de inflexión en la política energética del país. La instalación de 5,000 sistemas fotovoltaicos de 2 kilovatios (KW) en viviendas que carecían de electricidad fue un paso decisivo hacia la meta de alcanzar el 100 % de electrificación. De igual forma, la colocación de otros 5,000 sistemas similares en centros de servicios priorizados, como hogares maternos, policlínicos y sucursales bancarias, fortaleció la infraestructura crítica. El gobierno también facilitó el acceso a esta tecnología para los trabajadores de los sectores de Educación y Salud, y creó condiciones arancelarias favorables para la adquisición por parte de la población, democratizando el acceso a la energía limpia. En paralelo, se sentaron las bases para futuras inversiones en energía eólica, diversificando aún más el portafolio energético. El presidente Díaz-Canel reconoció que ninguna de estas acciones por sí sola podía resolver el problema de manera inmediata, pero subrayó que la situación no fue más grave precisamente gracias a los avances ya logrados. La estrategia cubana se consolidó no solo como una respuesta defensiva a una crisis, sino como una apuesta proactiva y estructural por un modelo más resiliente, sostenible y soberano, guiado por la voluntad de «resistir, recuperar y crear».

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