En un giro diplomático que redefine las alianzas en el norte de África, la política exterior de Estados Unidos ha consolidado una relación estratégica con Marruecos, pivotando de manera decisiva sobre el prolongado conflicto del Sáhara Occidental. La administración estadounidense, a través de una serie de maniobras políticas y económicas, ha inaugurado una nueva etapa de cooperación que prioriza el desarrollo y la inversión en los territorios en disputa. Esta estrategia, formalizada con el nombramiento de figuras clave como el embajador Richard Duke Buchan, ha redefinido el lenguaje diplomático al referirse a la región como las «provincias del sur de Marruecos», calificándolas como «regiones clave» para la estabilidad y el crecimiento económico. Este enfoque busca no solo fortalecer a Marruecos como un socio primordial y un baluarte contra la inestabilidad en el Magreb, sino también integrar plenamente la cuestión del Sáhara en una agenda bilateral centrada en la seguridad y las oportunidades comerciales, lo que a su vez consolida la posición marroquí sobre el territorio en la escena internacional.
La Diplomacia Económica como Herramienta Estratégica
Inversión y Desarrollo en las Provincias del Sur
La nueva directriz de la política estadounidense ha puesto un énfasis sin precedentes en la dimensión económica como principal vehículo para afianzar su alianza con Marruecos y, por extensión, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esta aproximación se ha materializado a través de un discurso que promueve activamente la inversión en infraestructuras y desarrollo en los territorios disputados. La administración de Washington ha comenzado a referirse a estas áreas no como territorios ocupados, sino como las «provincias del sur», un cambio semántico que implica un reconocimiento de facto de la administración marroquí. Esta narrativa ha sido promovida por el embajador estadounidense, quien ha calificado la región como un polo de desarrollo fundamental para el futuro del norte de África. La estrategia subyacente es claral fomentar la llegada de capital estadounidense y de empresas multinacionales, se busca crear una red de intereses económicos que hagan irreversible la integración del Sáhara Occidental en Marruecos, vinculando el progreso económico de la región directamente con la estabilidad del reino alauí.
El Atractivo de los Recursos Minerales
Un pilar fundamental de esta creciente asociación estratégica reside en la vasta riqueza de recursos minerales que alberga el Sáhara Occidental, un factor que entrelaza inextricablemente el desarrollo económico con la seguridad y la gobernanza regional. La estrategia marroquí, respaldada por Washington, ha consistido en presentar estos recursos como una oportunidad de inversión segura y rentable, atrayendo así a corporaciones estadounidenses. Este enfoque no solo busca estimular la economía local bajo administración marroquí, sino que también tiene un objetivo geopolítico más profundo: implicar directamente a Estados Unidos en el conflicto. Al tener intereses económicos y corporativos en la zona, Washington adquiere un papel más activo en la defensa de la estabilidad bajo el control de Rabat. De esta manera, cada nueva inversión se convierte en un ladrillo más en la construcción de la legitimidad internacional de la ocupación marroquí, transformando un conflicto político en una cuestión de desarrollo económico y seguridad compartida.
Un Respaldo Político en Foros Internacionales
La Postura en las Naciones Unidas
A pesar de una política general caracterizada por la retirada de financiación a diversos organismos internacionales, la administración de Trump mantuvo de forma consistente el apoyo económico destinado a la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO). Esta aparente contradicción ha sido interpretada por numerosos analistas y observadores internacionales como una señal inequívoca del respaldo de Estados Unidos a una resolución del conflicto que favorezca los intereses de Marruecos. En lugar de presionar para la celebración del referéndum de autodeterminación, el propósito original para el que fue creada la misión, Washington ha utilizado su influencia para promover lo que denomina una «solución política» pragmática. Este término se ha convertido en un eufemismo para designar el plan de autonomía marroquí, una propuesta que garantizaría la estabilidad regional bajo la hegemonía de su principal aliado en el Magreb, dejando de lado las aspiraciones del pueblo saharaui.
Consolidación de una Potencia Regional
La política exterior implementada por Washington tuvo como objetivo fundamental el fortalecimiento de Marruecos como una potencia hegemónica en la región del Magreb. A través del apoyo diplomático, económico y militar, se buscó legitimar su control sobre el Sáhara Occidental y, al mismo tiempo, asegurar la continuidad y estabilidad de la monarquía alauí. Esta estrategia se consideró crucial para proteger los intereses estadounidenses en una zona de alta importancia geoestratégica, marcada por su proximidad a Europa, sus rutas comerciales y su papel en la lucha contra el extremismo. La alianza consolidada representó un cálculo pragmático en el que la resolución del conflicto saharaui quedó supeditada a la construcción de un socio fiable y robusto, capaz de actuar como un ancla de estabilidad en el volátil panorama del norte de África.
