El icónico edificio Metrópolis, que ha vigilado la confluencia de la Gran Vía con la calle de Alcalá durante más de un siglo, abandona su rol de mero espectador arquitectónico para convertirse en un protagonista vibrante de la vida social y cultural de Madrid. Este monumento emblemático inicia una nueva etapa bajo el nombre de Club Metrópolis, un ambicioso proyecto que lo reinventa como un complejo multifacético donde convergen la alta gastronomía, un hotel boutique de lujo, espacios culturales y un exclusivo club privado de alcance internacional. La transformación, concebida y liderada por Marta Seco y Sandro Silva, fundadores del aclamado Grupo Paraguas, no solo revitaliza los más de 6.000 metros cuadrados del inmueble, sino que también redefine su relación con la ciudad, proponiendo un modelo de hospitalidad contemporánea que fusiona la historia con la vanguardia. El proyecto articula una cuidadosa simbiosis entre lo público y lo privado, invitando tanto a madrileños como a visitantes a redescubrir este tesoro arquitectónico desde una perspectiva completamente nueva y dinámica.
Una Propuesta Dual entre lo Público y lo Privado
El diseño del Club Metrópolis se fundamenta en una clara división de espacios que permite una convivencia armónica entre las áreas de acceso general y las zonas reservadas para socios. La oferta abierta a la ciudad se despliega estratégicamente en las plantas inferiores, buscando integrarse de manera orgánica en el pulso de la Gran Vía. En la planta baja, la Tasca Fina y la Barra de Oricios reinterpretan el concepto de taberna española con una visión moderna y una cocina continua, creando un punto de encuentro accesible y dinámico. Descendiendo a la planta -1, el Spa de Langostas se presenta como un innovador espacio nocturno que combina producto marino de la más alta calidad con música selecta y una atmósfera escénica, ofreciendo una experiencia sensorial única. Estos establecimientos están diseñados no solo para atraer a un público diverso, sino también para dotar al edificio de una nueva vitalidad, convirtiéndolo en un destino gastronómico y social de referencia que late al ritmo de la capital, abriendo sus puertas para que una parte de su nueva alma pueda ser disfrutada por todos.
La vertiente de hospitalidad abierta al público se materializa en un sofisticado hotel boutique que ocupa las plantas tercera y cuarta del edificio. Este exclusivo alojamiento consta de 19 suites, cada una diseñada para ofrecer vistas privilegiadas de uno de los enclaves más fotogénicos de Madrid. Sin embargo, la propuesta va más allá de un simple hospedaje de lujo; los huéspedes del hotel se integran plenamente en la vida y la oferta del complejo, disfrutando de un acceso privilegiado a las distintas áreas y servicios. Esta inmersión convierte su estancia en una experiencia completa, donde el alojamiento es solo el punto de partida para explorar un microcosmos de gastronomía, cultura y bienestar. El hotel funciona así como un puente entre el dinamismo público de las plantas inferiores y la exclusividad del club privado, permitiendo a sus visitantes vivir la esencia del Club Metrópolis de una manera única y temporal, enriqueciendo el ecosistema social del edificio con una afluencia cosmopolita y selecta.
El Corazón Exclusivo del Club Metrópolis
El club privado se erige como el núcleo del proyecto, un refugio de exclusividad y comunidad distribuido en varias plantas, concebido para sus miembros. En su interior, el Restaurante Victoria se posiciona como el estandarte de la alta cocina, ofreciendo una experiencia culinaria refinada en un entorno de elegancia atemporal. Junto a él, un lounge social se convierte en el epicentro de la vida del club, un espacio diseñado para la tertulia, el encuentro y la creación de sinergias entre sus socios. La propuesta se complementa con áreas dedicadas a la cultura, el bienestar y el ejercicio, reflejando un enfoque holístico que atiende todas las facetas de un estilo de vida sofisticado. Para preservar este ambiente de calma y priorizar la interacción personal, se han establecido normas estrictas, como un código de vestimenta y un uso controlado de dispositivos móviles. La membresía, que ya ha completado su aforo limitado antes de la apertura, subraya el alto grado de expectación y el carácter selecto de una comunidad que busca un entorno de privacidad y excelencia en el corazón de la ciudad.
El diseño interior, confiado al prestigioso estudio de Lázaro Rosa-Violán, ha sido una pieza clave para materializar la visión del proyecto, logrando un equilibrio magistral entre el respeto por el legado histórico y la creación de una atmósfera contemporánea. El interiorismo dialoga constantemente con la arquitectura original de 1911, realzando sus elementos estructurales y ornamentales sin caer en la tentación de convertir el edificio en un mero decorado historicista. Se ha buscado una elegancia sobria y atemporal que sirve como telón de fondo para la vida que se desarrolla en su interior. Próximamente, la oferta se ampliará con la inauguración en la sexta planta de El Jardín, una terraza con brasas que promete vistas espectaculares, y La Cúpula, un bar de coctelería creativa situado bajo el icónico remate del edificio. Estos nuevos espacios no solo completarán la experiencia del club, sino que también consolidarán su posición como uno de los enclaves más deseados y exclusivos de la capital.
Un Nuevo Capítulo en la Historia de Madrid
El proyecto del Club Metrópolis culminó con su apertura el 21 de enero, marcando un hito en la redefinición del uso de edificios históricos en grandes capitales. La transformación representó una inversión significativa no solo en términos económicos, sino también en visión estratégica, al demostrar que era posible insuflar nueva vida a un monumento protegido sin comprometer su integridad arquitectónica. El modelo de negocio, que combinaba áreas de acceso público con un club privado de alta exclusividad, probó ser un éxito desde su concepción, generando un interés que desbordó todas las previsiones. La cuidadosa ejecución del diseño interior y la creación de una oferta de servicios de primer nivel establecieron un nuevo estándar en el sector de la hospitalidad y los clubes sociales, posicionando a Madrid en la vanguardia de las tendencias urbanas globales. El edificio Metrópolis dejó de ser una postal para convertirse en un ecosistema vivo y pulsante.
